La muerte en nuestras vidas

Actualizado: 12 ene

¡Qué ironía! Hablar de muerte en vida. Conversar sobre este tema es complicado para muchas personas, pues hacerlo requiere enfrentar la realidad de que en algún momento dejaremos de existir.


Sí, algo que requiere de aceptación y valentía afrontar, pero también de encontrar que sin la muerte, el ciclo de nuestros días en este mundo no tendría el mismo sentido.

Muchas veces la muerte refleja la forma de vida de un individuo, pero también el cómo pensamos acerca de ésta influye en nuestro camino día con día.


“La muerte sólo será triste para los que no han pensado en ella.”

François Fénelon (1651-1715), Diálogo de los muertos antiguos y modernos.


Control y poder


Muchas veces lo que nos da temor es no poder controlar o tener conocimiento de lo que va a suceder. Sentimos miedo ante la incertidumbre, sin darnos cuenta que cada día nos enfrentamos a lo desconocido. Nos movemos por los retos y el sabor de la motivación generado por el cambio. Un cambio que no para...


La pérdida trae una sensación de confusión y de falta de control, puesto que generalmente habíamos generado apego o dependencia emocional hacia una persona, situación u objeto. Dándonos una falsa sensación de pertenencia, el cual nos deja un vacío emocional donde nos preguntamos quiénes somos y hacia dónde vamos sin esa persona o situación.


Al morir un ser querido debemos renunciar a una falsa sensación de protección, seguridad y estabilidad. Nos perdemos en el recuerdo y en una visión de túnel.

Reconocer el dolor, identificar y expresar las emociones, son el primer paso para recorrer un duelo sano que nos ayude a estructurar y adaptar nuestras vidas en la búsqueda de alivio y consuelo en una nueva visión de nuestra existencia.


“Heidegger ha dado forma a la humanización de la muerte. La muerte se recupera para el existente humano no sólo como límite extremo de la vida, sino en cuanto que es mía. La muerte es humana y hace mi vida absolutamente única. El hombre debe proyectar y anticipar su muerte como posibilidad de no ser más en el mundo. Así, la muerte se recupera para la libertad. Yo no padezco mi muerte, sino que la asumo y, por ello, llego a ser libre para la muerte. Soy constituido como totalidad por el carácter resuelto y libre de la finitud”. Jorge Vicente Arregui (1958-2005), ¿Es la muerte un acontecimiento de la vida?


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Claudia Kuri

Psicóloga Clínica

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